martes, julio 06, 2010

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Vivian Lofiego

Réquiem para lepidópteros

Huesos de jibia, 2008.

39 páginas/ Poesía

“lo que mejor me sale es dibujar mariposas en los márgenes/me secundan, me elevan” son los versos finales de “la escuela”, que escribe Lofiego. En la contratapa se lee: “no hay verso ni palabra que no despierte en el lector esa sensación de tiempo suspendido” y así, de sencillo, uno se encanta con los poemas de Vivian del mismo modo que se observa absorto esas partículas que flotan vistas a trasluz en un tarde de parque (para estar a tono con los paisajes del libro).

La nostalgia está presente, pero no de modo triste, sino como una afirmación de lo que se ama y lo que se vivió: se retorna con alegría y pena a ciertos paisajes de nuestra infancia. En “el día que se murió la luna” una voz lúcida advierte que nuestro satélite ya no tendrá quién le escriba poemas.

De esta manera se viaja por cumpleaños en el bosque, la iglesia: “¿a quién podía contarle lo impuro que decía de nosotros el/cura del colegio?”, noche de reyes, por la madre que vende su vestido de novia; todo con la luminosidad de quien reconstruye su memoria sin eludir los pasajes que fueron oscuros.

2 comentarios:

.lobO dijo...

gracias por tus post.

principio de incertidumbre dijo...

es mucho halago, pero se agradece.
¡saludos!