jueves, septiembre 20, 2012
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Gerónimo Unibaso y yo colaboramos. Así que muchas gracias a la gente de la revista por el espacio. Pueden chusmear, amigos.
http://www.no-retornable.com.ar/v12/nuevo/unibaso.html
http://www.no-retornable.com.ar/v12/nuevo/curruhinca.html
lunes, julio 16, 2012
Reseñas de él y de mí:
http://www.no-retornable.com.ar/v11/nuevo/unibaso.html
http://www.no-retornable.com.ar/v11/nuevo/curruhinca.html
lunes, noviembre 07, 2011
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Además, de todo el contenido, pueden ver una reseña que hice sobre el poemario de Gabriel Cortiñas, Hospital de Campaña, acá.
martes, julio 06, 2010
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Vivian Lofiego
Réquiem para lepidópteros
Huesos de jibia, 2008.
39 páginas/ Poesía
“lo que mejor me sale es dibujar mariposas en los márgenes/me secundan, me elevan” son los versos finales de “la escuela”, que escribe Lofiego. En la contratapa se lee: “no hay verso ni palabra que no despierte en el lector esa sensación de tiempo suspendido” y así, de sencillo, uno se encanta con los poemas de Vivian del mismo modo que se observa absorto esas partículas que flotan vistas a trasluz en un tarde de parque (para estar a tono con los paisajes del libro).
La nostalgia está presente, pero no de modo triste, sino como una afirmación de lo que se ama y lo que se vivió: se retorna con alegría y pena a ciertos paisajes de nuestra infancia. En “el día que se murió la luna” una voz lúcida advierte que nuestro satélite ya no tendrá quién le escriba poemas.
De esta manera se viaja por cumpleaños en el bosque, la iglesia: “¿a quién podía contarle lo impuro que decía de nosotros el/cura del colegio?”, noche de reyes, por la madre que vende su vestido de novia; todo con la luminosidad de quien reconstruye su memoria sin eludir los pasajes que fueron oscuros.
Ondulaciones

Vicente Muleiro
Ondulaciones
el suri porfiado, 2008.
43 páginas/ Poesía
$ 20
“Ondulaciones, quiebres, puntos de sutura.
Relieves sobre la línea recta. Relieves, grumos
casi invisibles sobre la superficie plana del sinsentido.” Escribe Muleiro, antes de comenzar el poemario, debajo del título y la dedicatoria a Silvia Schujer, y funciona como prólogo/poema: advertencia de lo vendrá, anticipo de la lectura e intencionalidad.
Es así como esas “ondulaciones” poéticas pueden asemejarse a ese vaivén de las olas: la observación no es la misma en la parte convexa que en la cóncava. También algo de sosiego cuando estamos en la parte baja, y la esperanza de que lo ido, regresa. Todo esto y muchísimo más podemos experimentar en cada uno de los poemas –numerados- de Muleiro, quien, además, no le escapa al sentimiento; a cierta lírica que cuesta encontrar actualmente.
Y con estos quiebres en la forma va dando sentidos nuevos a lo cotidiano: “Cuando al llegar al mar/el mar nos llegue.”, o como en el poema 38, donde manifiesta su tedio ante la incomprensión de un cajero (cualquiera) que logra enterrarlo en la cola del banco e impedir que se concentre en el “falso angelical de Isabelle Adjani”.
Este poeta nos hace asombrar, encontrarnos con esa lengua poética de la que habla Julia Kristeva (donde la lógica se ve superada por lo que engendra el significado), releer una y otra vez el libro pequeño para poder reencontrarnos con: “Sucede lo de siempre:/la poesía trágica/se escribe/a ras del piso.”
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Marina Porcelli
De la noche rota
Edulp, colección “sólo cuentos”, 2009.
116 páginas
$29
La colección Sólo cuentos es una iniciativa de
En el blog de la colección se manifiesta la intención devolver la vigencia al género (sobre todo en nuestro país, vasto en cuentistas) y se remarca la importancia de que cada libro sea de un solo autor; últimamente hemos visto publicadas varias antologías, pero estaba ausente la posibilidad de seguir leyendo sobre un mismo autor.
Porcelli, en su nota inicial, advierte que los múltiples registros de cada historia que escribió se reúnen en una misma mirada: que todo libro tiene como finalidad dar una observación del mundo. Así, pasa por temas como el suicidio (reflexiones personales de los protagonistas, “José Evaristo Ron”), cierta incomprensión social (“El viaje de Hermes), el incesto, la reverberación que queda entre dos amigas de otra suicida (“Esa noche llamó Tamara”).
El libro habla de la muerte desde una perspectiva que tal vez, muchos, no nos atreveríamos a ver fijamente. Ese miedo y ansiedad que sentimos constantemente hacia algo que no se puede expresar y en el libro de Marina, se hace físico.
viernes, noviembre 13, 2009
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Mi amigo Víctor sacó foto de la reseña que hice del libro de Marina Serrano, "Formación Hospitalaria", publicada en NEXO.
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Marina Serrano
Formación hospitalaria
Sigamos Enamoradas, 2006.
96 páginas/Poesía
$25
Por Lorena Curruhinca
M. Serrano comienza su libro con los versos: “En un hospital vive un niño con anencefalia, /lo extraño de esto es la palabra: vive.”, el poema concluye contándonos la decisión del médico de no revivir al chico si entra en paro otra vez y con la poeta enunciando la pregunta: “(¿Lo revivimos alguna vez?)”. Así de cruda e íntima, lanza el interrogante que rebota en nosotros mismos y se hace propio.
Así, Marina, transforma en crónica poética su paso por varios hospitales como estudiante de kinesiología. Convierte ese desplazamiento, ese paseo por el horror y dolor de los enfermos en el testimonio de alguien que no recurre a la facilidad de lo trágico para mostrar el propio aprendizaje –frustrado- de endurecerse ante lo ineludible de morir: la constatación de la carencia de poder en situaciones donde no hay acción que sane; el límite personal ante la muerte: “(si es que existe una entidad llamada muerte/y ocupa un espacio y un volumen)”. Aún con todo esto, la poesía de Serrano no sólo nos llega por la transferencia y porque comparte su mirada de realidades de un modo que no esperamos del rol un individuo que establecidamente mantiene distancia y hasta cierta inmunidad y costumbre ante la enfermedad en sí, sino porque registra su propia dinámica y nos la ofrece con valentía y padecimiento: “y el hombre que la medicina era/devoró mi fe”.
martes, octubre 13, 2009
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En el blog de Nexo (suplemento cultural del Periódico Ático) publicaron la reseña de él, de Derrumbe (Guebel) y la mía, del libro de Anne Talvaz.
END OF THE WORDL, 5
Habíamos preferido no acercarnos
al prado donde se esparcen las cenizas. Al parecer era un lugar
que debía tratarse con respeto.
Sería estúpido decir que previnimos lo siguiente:
nunca se puede prever nada, incluso si
tarde o temprano las cosas terminan por saberse;
simplemente, era preferible no abordarlo.
El futuro avanza sobre sus cenizas paso a paso.
Tarde o temprano se sabe siempre por qué.
Anne Talvaz, Confesiones de una gioconda y otros poemas (Bajo la luna, 2008).
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Anne Talvaz, es poeta y traductora belga (1963). De madre inglesa y padre francés, fue educada en Francia. Está casada con un mexicano. Es, tal vez, esa convergencia de lenguas lo que dota a su poética de una voz reconocible; un sonido que es posible evocar.
El libro reúne dos libros publicados anteriormente: Imagines, de 2002 y Panaches de mer, lythophytes et coquilles, 2006 y uno inédito, que da nombre a la selección.
El primero consta de una serie de 10 poemas, todos titulados End of the World –se incluye una entrevista realizada por J. Arrambide donde Talvaz manifiesta que nombrar en inglés es una forma de distanciamiento- donde se comienza más tenuemente: “a tierra firme crujen por todas partes, pero apaciblemente:/el fin del mundo tendrá también el regusto de lo inevitable” y luego se acrecienta una extrañeza asumida e irónica de la fatalidad.
En Panaches de… detalla las caracolas de mar del cuadro de A. Vallayer-Coster y continúa con una observación de María como alguien cansada de la vigilia y la compasión constante.
Confesiones de una Gioconda refiere la vida de “una mujer de un ejecutivo”, pero no desde el discurso esperable de ese estatus, sino con el sarcasmo de lo “no decible”. En los versos finales se habla del caracter nómade de tal vida los lleva a una ciudad cerca del campo nazi de Birkenau.
Talvaz atrapa no sólo por lo inesperado de sus confesiones sino por esa entrega que se convierte en materia.
martes, octubre 06, 2009
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Yasunari Kawabata
País de nieve
Booket, 2009.
Traducción y prólogo de Juan Forn.
160 páginas
Kawabata (Primer premio Nobel de Literatura japonés, en 1968) escribe País de nieve a modo de entregas y a pedido de lectores da un final –que se transforma en libro- en 1947.
Shimamura es un acomodado que existe gracias a su herencia; de mediana edad, aficionado a la danza, vive con su familia en Tokio. Él viaja a la zona que más nieva en Japón, donde están las zonas termales. En el viaje conoce a Yoko, a quien observa desde la distancia intencional a través del cristal del tren. Desde entonces, podemos ver en él esa actitud lejana de enfrentarse con lo bello. Sólo de un modo de delineamiento o acaso un leve resplandor lo exalten.
En las termas conoce a Komako, aprendiz de Geisha, a quien visitará con los años.
Ella ofrecerá un amor tan frágil como expectante a la presencia del sujeto que se ama; a sabiendas que en él no hay tal correspondencia.
En ell final, Kawabata nos ofrece unos de los mejores incendios de la literatura. Con sutileza ofrece los contrastes de la nostalgia y la tranquilidad del paisaje que cubre la nieve: mientras el alma puede estar en caos, él desliza una prosa que nos lleva hasta la más inolvidable experiencia.