lunes, mayo 23, 2005

viernes, mayo 20, 2005

El amor en tiempos de cólera...

No, no leí el libro de García Márquez. Inexplicablemente no. ”Cien años de soledad” debe ser el libro que más veces leí. Mi benévola madre me regaló libros desde tempranos tiempos; de ahí mi acercamiento con el colombiano. A lo largo de los años anduve buceando por su literatura (incluso este verano leí un prestado "Memoria de mis putas tristes", con gran decepción). Además, éste era parte de una colección que incluía –entre otros- títulos tal “ Rayuela”, de Cortázar; "20 poemas de amor y una canción desesperada" y "100 sonetos de amor",de Neruda; Orlando, de V. Wolf, etc.; la típica (o no) edición de grandes autores latinoamericanos. Entre ellas estaba el mentado libro, pero nunca llegó a regalármelo: la colección no llegó más a mi ciudad porque sólo unos pocos la solicitaban, y como ya se sabe: si no reditúa no sirve. Así que me quedé sin amor y sin cólera, al menos por un rato. Sé que es un libro basado (como casi todos los que le pertenecen y quizás los de cualquier artista genuino) en hechos personales, o sea, es la historia amorosa de sus padres. Este es mi primer antecedente, simbólico tal vez, del alejamiento al amor y a su consabida cólera. No me atreveré a afirmar que éstas dos sean partes de una misma cosa; será ocasión de otro tema, si me acuerdo.
No pocas veces me han preguntado qué busco en un hombre o qué es lo que espero encontrar... He visto miles de caras frustradas al ver que no esbozo ninguna respuesta coherente o extensa. Una de las tantas razones de estos trazos, aparentemente, vanos, y de esta justificación que intenta revelarles/ revelarme el porqué de mi patético estado amoroso, son las incontables veces que me he agotado intentando explicar mis “requisitos” a variados interlocutores y que me miren con cara de: "¿qué te fumaste?".
A veces quisiera contestar como Cortázar y decirles: "andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos", pero no sé si es un poco críptico o un engaña-pichanga, como diría cierta profesora de química de la secundaria; o para ponerlo en un lenguaje más criollo: "vender gato por liebre".
Es que yo no pido más que un muchacho cualquiera me haga reír y no concibo, como dijo Girondo: "que no haga el amor más que volando". Pero pareciera que tales cualidades son tan difíciles como ser alquimista y encontrar la piedra filosofal. Ni siquiera los cuatro fantásticos podrían. Y no es que mi nihilismo esté al tope, no.
Tengo varias teorías, que tal vez a ustedes, anónimos lectores, compartan.
Teoría de las voces: Hay cierta armonía melodiosa entre dos voces. Para que haya un vínculo intenso con alguien sus voces no tienen que desentonar en el espacio. Si bien no siempre dos hablaran al mismo tiempo, no tiene que sonar como patada en el traste la voz siguiente a la otra. Esto no es una boludez, es algo empírico y basado con datos reales.
Teoría de la tolerabilidad: si se ríe de un chiste malo tuyo y encima sonríe y sigue con otro tema como si nada, ¡bingo! El muchacho vale la pena.
Y varias teorías más que el ocio no me permite continuar.
Entonces, vos: chico que tal vez andás por ahí, cito a Drexler y te digo: ya está girando en el aire mi moneda y que sea lo que sea...


P.D. Mis queridos no-lectores, lean este post con la siguiente advertencia: “Esto que estás oyendo ya no soy yo, soy el eco, el eco de un sentimiento”.

miércoles, mayo 18, 2005

Gaturreando...

Como lo expuesto antes acá merecía el fuego de los hejeres, este espacio está libre para el tema que propongan.
Saludos bati-amigos.

Necesidad

LA CARENCIA

Yo no sé de pájaros,
no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas.
Alejandra Pizarnik, (Las aventuras perdidas, 1958)

¿Normalidad?

Canción de la semana

EL PIANISTA DEL GUETO DE VARSOVIA
(Letra y música: Jorge Drexler)
Basado en el relato autobiográfico “El Pianista del Gueto de Varsovia” de Wladislaw Szpilman

Dos generaciones menos
dos generaciones más
Fechas, tan sólo fechas
Yo estoy aquí, tú estabas allá

El pico y la pala, el hielo en los dedos
te estás jugando las manos...
El mundo se muere y tú sigues vivo
porque recuerdas tu piano
Compás por compás, en el frío del gueto
vas repasando el nocturno en Do Sostenido Menor de Chopin, en tu memoria
Si fueras tu nieto y yo fuera mi abuelo
quizás, tú contarías mi historia

Yo tengo tus mismas manos
Yo tengo tu misma historia
Yo pude haber sido el pianista del gueto de Varsovia


Dos generaciones menos,
dos generaciones más
Fechas, tan sólo fechas
Yo estoy aquí, tú estabas allá

Y el mundo no aprende nada, es analfabeto
y hoy suena tu piano, sólo que en otros guetos
Si yo estoy afuera y tú estabas adentro
fue sólo cuestión de lugar y de momento

Yo tengo tus mismas manos
Yo tengo tu misma historia
Yo pude haber sido el pianista del gueto de Varsovia

Dos generaciones menos
dos generaciones más
Fechas, tan sólo fechas
Yo estoy aquí, tú estabas allá

jueves, mayo 12, 2005

"¿Por qué, a ciertas horas, es tan necesario decir: "Amé esto"? Amé unos blues, una imagen en la calle, un pobre río seco del norte. Dar testimonio, luchar contra la nada que nos barrerá. Así quedan todavía en el aire del alma esas pequeñas cosas, un gorrioncito que fue de Lesbia, unos blues que ocupan en el recuerdo el sitio menudo de los perfumes, las estampas y los pisapapeles."
Fragmento del capítulo 87, Rayuela, Julio Cortázar.

Me gustan dos temas: "no-recuerdo-el-título-pero-sí-el-video", de Jennifer López y el último single de Spears.
ESCRÚPULO

Me parece que vivo
que estoy entre los ruidos
que miro las paredes,
que estas manos son mías,
pero quizás me engañe
y paredes y manos
sólo sean recuerdos
de una vida pasada.
He dicho "me parece"
Yo no aseguro nada.
Oliverio Girondo (Persuasión de los días, 1942)

sábado, mayo 07, 2005

To a Young Poet


Time cannot break the bird's wing from the bird.
Bird and wing together
Go down, one feather.

No thing that ever flew,
Not the lark, not you,
Can die as others do.
Edna St. Vincent Millay



En Autumn in New York Richard Gere se lo recita a Wynona Ryder antes de morir.

viernes, mayo 06, 2005

GELMANEAR

Juan Gelman recibirá el premio Reina de Sofía (¿era asÍ?). Si quieren más noticias:

acá

Arte poética


Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,


como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche,
con dolor, con amor,
bajo la lluvia, en la catástrofe,
cuando se abren los brazos de la ternura o del, alma,
cuando la enfermedad hunde las manos.


A este oficio me obligan los dolores ajenos,
las lágrimas, los pañuelos saludadores,
las promesas en medio del otoño o del fuego,
los besos del encuentro, los besos del adiós,
todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.


Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,
rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.
(Velorio del solo), Juan Gelman.

Héroes

Los soles solan y los mares maran
los faramacéuticos especifican
dictan bellas recetas para el pasmo
se desayunan en su gran centímetro

a mi me toca gelmanear
hemos perdido el miedo al gran caballo
nos acontecen hachas sucesivas
y se amanece siempre en los testículos

no poca cosa es que aquello suceda
vista la malbaraja del amor estos días
los mazos de catástrofes las deudas
amados sean los que odian

hijos que comen por mis hígados
y su desgracia y gracia es no ser ciegos
la gran madre caballa
el gran padre caballo
el mundo es un caballo
a gelmanear a gelmanear les digo
a conocer a los más bellos
los que vencieron con su gran derrota
Lo fatal

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber a dónde vamos,
ni de dónde venimos!...
Rubén Darío.

martes, abril 26, 2005

Los dones de las hadas

LOS DONES DE LAS HADAS


Había gran asamblea de hadas para proceder al reparto de dones entre todos los recién nacidos llegados a la vida en las últimas veinticuatro horas.
Todas aquellas antiguas y caprichosas hermanas del Destino; todas aquellas madres raras del gozo y del dolor, eran muy diferentes: tenían, unas, aspecto sombrío y ceñudo; otras, aspecto alocado y malicioso; unas, jóvenes que habían sido siempre jóvenes; otras, viejas que habían sido siempre viejas.
Todos los padres que tienen fe en las hadas habían acudido, llevando cada cual a su recién nacido en brazos.
Los dones, las facultades, los buenos azares, las circunstancias invencibles se habían acumulado junto al tribunal, como los premios en el estrado para su reparto. Lo que en ello había de particular era que los dones no servían de recompensa a un esfuerzo, sino, por el contrario, era una gracia concedida al que no había vivido aún, gracia capaz de determinar su destino y convertirse lo mismo en fuente de su desgracia que de su felicidad.
Las pobres hadas estaban ocupadísimas, porque la multitud de solicitantes era grande, y la gente intermediaria puesta entre el hombre y Dios está sometida, como nosotros, a la terrible ley del tiempo y de su infinita posteridad. Los días, las horas, los minutos y los segundos.
En verdad, estaban tan azoradas como ministros en día de audiencia o como empleados del Monte de Piedad cuando una fiesta nacional autoriza los desempeños gratuitos. Hasta creo que miraban de tiempo en tiempo la manecilla del reloj con tanta impaciencia como jueces humanos que, en sesión desde por la mañana, no pueden por menos de soñar con la hora de comer, con la familia y con sus zapatillas adoradas. Si en la justicia sobrenatural hay algo de precipitación y de azar, no nos asombremos de que ocurra lo mismo alguna vez en la justicia humana. Seríamos nosotros, en tal caso, jueces injustos.
También se cometieron aquel día ciertas ligerezas que podrían llamarse raras si la prudencia, más que el capricho, fuese carácter distintivo y eterno de las hadas.
Así, el poder de atraer mágicamente a la fortuna se adjudicó al único heredero de una familia riquísima que, por no estar dotada de ningún sentido de caridad y tampoco de codicia ninguna por lo bienes más visibles dela vida, había de verse más adelante prodigiosamente enredado entre sus millones.
Así, se dio el amor a la Belleza y a la Fuerza poética al hijo de un sombrío pobretón, cantero de oficio, que de ninguna manera podía favorecer las disposiciones ni aliviar las necesidades de su deplorable progenitura.
Se me olvidaba deciros que el reparto, en casos tan solemnes, es sin apelación, y qu eno hay don que puede rehusarse.
Levantábanse todas las hadas, creyendo cumplida su faena, porque ya no quedaba regalo ninguno, largueza ninguna que echar a toda aquella morralla humana, cuando un buen hombre, un pobre comerciantillo, según creo, se levantó, y cogiendo del vestido de vapores multicolores al hada que más cerca tenía exclamó:
- ¡Eh!¡Señora!¡Que nos olvida! Todavía falta mi chico. No quiero haber venido en balde.
El hada podía verse en un aprieto, porque nada quedaba ya. Acordóse a tiempo, sin embargo, de una ley muy conocida, aunque rara vez aplicada, en el mundo sobrenatural habitado por aquellas deídades impalpables amigas del hombre y obligadas con frecuencia a doblegarse a sus pasiones, tales como las hadas, gnomos, las salamandras, las sílfides, los silfos, las nixas, los ondinos y las ondinas –quiero decir de la ley que concede a las hadas, en casos semejantes, o sea en el caso de haberse agotado los lotes, la facultad de conceder otro, suplementario y excepcional, siempre que tenga imaginación bastante para crearlo de repente.
Así, pues, la buena hada contestó, con aplomo digno de su rango:
- ¡Doy a tu hijo..., le doy... el don de agradar!
-Pero ¿agradar cómo? ¿Agradar?... ¿Agradar por qué? –preguntó tenazmente el tenderillo, que sin duda sería uno de esos razonadores tan abundantes, incapaz de levantarse hasta la lógica del absurdo-
¡Porque sí!¿Por qué sí! –replicó el hada colérica, volviéndole la espalda; y al incorporarse al cortejo de sus compañeras, le iba diciendo -: ¿Qué os parece ese francesito vanidoso, que quiere entenderlo todo, y que, encima de lograr para su hijo el don mejor, aún se atreve a preguntar y a discutir lo indiscutible?
de Poemas en Prosa, Charles Baudelaire.

sábado, abril 23, 2005

Obi-Wan Kenobi

De la página de Maximus, traje ésto (hacer click sobre la imagen):

Which Fantasy/SciFi Character Are You?



Ahora ando por el mundo como Obi-Wan Kenobi. Dígame, ¿qué personaje de ciencia ficción es usted?

jueves, abril 14, 2005

Panorama actual

Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.

¡Oh viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!

¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!

Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,
—que todo es volar—, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales...
Moscas de todas las horas,
de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,
de siempre... Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado
sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.

Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.

Antonio Machado

sábado, abril 02, 2005

Casos de la vida real

Haga como si estuviera en casa

Una esperanza se hizo una casa y le puso una baldosa que decía: "Bienvenidos los que llegan a este hogar". Un fama se hizo una casa y no le puso mayormente baldosas. Un cronopio se hizo una casa y siguiendo la costumbre puso en el porche diversas baldosas que compró o hizo fabricar. Las baldosas estaban colocadas de manera que se las pudiera leer en orden. La primera decía: Bienvenidos los que llegan a este hogar. La segunda decía: La casa es chica, pero el corazón es grande. La tercera decía: La presencia del huésped es suave como el césped. La cuarta decía: Somos pobres de verdad, pero no de voluntad. La quinta decía: Este cartel anula todos los anteriores. Rajá, perro.
Historias de cronopios y famas, Julio Cortázar.